Reseña de Julieta Novelli

En Estudios de Teoría Literaria. Revista digital: artes, letras y humanidades (julio de 2022, vol. 11, n° 25, pp. 186-188).



La atención al movimiento con sus sobresaltos, retornos y temblores; el escepticismo, la moderación y la apuesta por lo heterogéneo son algunos de los gestos que configuran la sutileza de la escritura de Judith Podlubne en el libro Barthes en cuestión, editado por Nube Negra y Bulk editores, encargado de abrir la colección «Discusión», cuya dirección está a cargo de Alberto Giordano. El libro, que reúne los ensayos «Visión ciega. El Roland Barthes de Paul de Man», de Judith Podlubne y «Roland Barthes y los límites del estructuralismo», de Paul de Man, traducido por Leandro Bohnhoff, se propone como una discusión entre estos autores: Podlubne discute con las lecturas y los presupuestos demanianos, los hace temblar —retomando las palabras de Jorge Jinkis que funcionan como epígrafe de la colección (1)— y, fundamentalmente, los devuelve al juego y a la oscilación al descubrir en la lectura de De Man el «síntoma desplazado» de la resistencia a la teoría (21).


En esta versión revisada del ensayo de Podlubne —una primera versión fue publicada en el Dossier «Fin y resistencia a la teoría» por la revista El taco en la brea en 2017—, el título «La tentación de la inteligencia. Paul de Man lee a Roland Barthes» se vio modificado. El pasaje de «tentación de la inteligencia» a «visión ciega» propicia una reflexión sobre la denegación de De Man a la vez que mantiene el énfasis en el carácter paradojal del lenguaje. Una de las hipótesis centrales de Podlubne sostiene que De Man se deja tentar por la lectura inteligente. En términos barthesianos podríamos sostener que De Man cae en la trampa de las arrogancias del lenguaje o, adelantándonos a la conferencia titulada «El concepto de la ironía», que se convierte en alazón de su propio discurso. Si bien esta conferencia tiene lugar una década más tarde de los (des)encuentros que se retoman en Barthes en cuestión, la oposición señalada por el propio De Man entre eiron y alazón permite describir las trampas a las que sucumben sus lecturas en el recorrido trazado con agudeza por Podlubne. En efecto, es posible enunciar que la «tentación de la inteligencia» de De Man lo convierte en alazón, al verse tentado a neutralizar y moralizar —al exigirle verdad— la obra barthesiana.


La reformulación del título está acompañada por el agregado de un epígrafe proveniente de «La retórica de la ceguera: Jacques Derrida y la lectura de Rousseau», de De Man: «Los momentos de mayor ceguera del crítico respecto de sus propios presupuestos, son también los momentos en que se revela el mayor grado de intuición» (7). Así, lo que la ceguera habilita, tal como la ironía, es una zona librada a la posibilidad de un encuentro azaroso, en la interrupción de los presupuestos, con lo impredecible. En este caso, la ceguera de De Man —que, como veremos, Podlubne ubica primeramente en el encuentro de Baltimore en 1966, en su seminario «Romanticism and Contemporary Criticism» de 1967 y finalmente en el ensayo de 1972— revela la resistencia a Barthes. La reescritura del título en la última versión desprende, a su vez, un matiz fundamental: aquello que lee Paul de Man no es «a Roland Barthes» sino las tensiones de sus propios supuestos, es el Barthes que Paul de Man inventa; un Barthes simplificado, neutralizado, sin oscilaciones, sin ironías, homogéneo.


El ensayo de Podlubne comienza retrotrayéndose a octubre de 1966, año en el que Barthes y De Man coinciden por primera vez en el coloquio «Los lenguajes críticos y las ciencias del hombre: la controversia estructuralista» en Baltimore. De Man no solo asiste a la lectura, sino que participa del debate posterior en el que denuncia de manera «intempestiva» (13) su rechazo al «optimismo», al «afán de novedad» y a la tergiversación de la historia en la conferencia «Escribir, ¿verbo intransitivo?», de Barthes. Podlubne califica el encuentro como «destemplado» (16) y la «actuación» de De Man como «desafortunada» (21), especialmente por el tono enardecido que emplea, quien «se precipitaba en exabruptos» (21). Esta irritación, cercana a la «fuerza de la debilidad» celebrada por Derrida en «Fuerza y significación», revela para Podlubne un «síntoma desplazado» de la resistencia que es constitutiva del proyecto teórico (21). De Man reclamaba verdad y es en este punto en el que Podlubne encuentra la denegación de lo que él mismo conocía: «la naturaleza retórica o tropológica del lenguaje, al retrotraer los criterios interpretativos a valores lógicos, como los de verdad y falsedad» (22); a la vez que parece desconocer el carácter performático de la teoría (22), en este caso, en la actuación de Barthes.


Después de estas sutiles revisiones, Podlubne arriba al ensayo de De Man, que comienza como un encargo del New York Review of Books para que escribiera sobre la obra de Barthes en 1972, a propósito de las traducciones al inglés de Ensayos críticos y una versión de Mitologías. Al igual que le sucederá después con «Resistencia a la teoría», el texto no será publicado por la inconveniencia que suponía el grado de especialización y se publicará en 1990. La autora advierte en la apuesta por una lectura pragmática de Barthes del ensayo demaniano una revisión, aunque tácita, del rechazo de Baltimore. Si en Baltimore De Man objetaba el optimismo epistemológico, aquí esta empresa ya no se le atribuiría solo a Barthes sino que se debería a la ruptura dentro de los estudios literarios que supuso “la liberación del significante de los límites del significado referencial” (50).


El ensayo de De Man comienza refiriéndose a los desencuentros entre la crítica angloamericana y la francesa para justificar el propósito de su escrito: evitar los posibles «tropiezos» que la recepción de la obra barthesiana pudiera generar en el contexto de la crítica estadounidense y anticipar tanto «el rechazo infundado como el entusiasmo inapropiado» (45) de los escritos del francés. De Man define a Barthes, no sin ironía, como un «semiólogo nato» (53) por lo cual, para intervenir en la recepción de sus textos, su ensayo se propone principalmente, como señala Podlubne, situar tanto los alcances como los límites de la semiología barthesiana (29). Si bien De Man reconoce, analizando fragmentos de Mitologías, la fuerza desmitificadora de la semiología, se empeña en prevenir que ese mismo poder —estallar el mito de la correspondencia entre signo y referente (30)— es también un peligro (58). Así, De Man encuentra que Barthes sucumbe ante un «exceso de confianza» (58) en el poder de su metodología hasta su propia mistificación, tal como De Man pareciera sucumbir a su exceso de inteligencia. Entre las discrepancias de De Man, Podlubne subraya la lucidez de alertar sobre el significado positivo que Barthes parecía otorgarle a la literatura en tanto afirmación de una verdad o como crítica desmitificadora; mientras que señala como marca de la ceguera la imposibilidad de apreciar la idea de retorno del problema de la interpretación que es, afirma Podlubne, uno de los planteos centrales de S/Z junto con la tensión barthesiana entre dos impulsos contradictorios: la ambición totalizadora y la posibilidad de perderse. La lectura de De Man, continúa la autora, luce su ceguera además en el momento en que pasa por alto en Crítica y verdad el señalamiento de la ironía como cifra de la palabra crítica (36). Por estos modos de (des)leer, el ensayo de De Man configura para Podlubne una crítica que hubiese sido oportuna para abordar textos anteriores de Barthes, pero que en el caso de S/Z resulta «extemporánea» (35).


La escritura de Podlubne, lejos de señalar aciertos y desaciertos, discute con De Man para estremecer sus presupuestos: ¿qué puede leerse en este modo de acercarse a la obra barthesiana? ¿Qué se revela en esta visión ciega? La tentación de la inteligencia, dirá la autora, y las aspiraciones de estilo: «El exceso de inteligencia, o su envés, la falta de disposición a la ironía, habían simplificado su lectura de Barthes» (41). Adelantándose a la conferencia de 1977, podríamos decir que De Man performa al alazón y la «tentación de la inteligencia» no hace más que simplificar sus lecturas. Como si en las lecturas de Barthes De Man olvidara el carácter irónico de la teoría, al evitar la forma paradojal, al impugnar lo heterogéneo, las ambivalencias, las mutaciones y los matices barthesianos. Pero la empresa de Podlubne no se detiene en el reconocimiento de los factores de resistencia de De Man al leer a Barthes, sino que celebra en estos síntomas los momentos de mayor intuición en los que se recortan nuevas posibilidades de lectura: «Los restos del eclipse —dice Podlubne— retornaban, silenciando su procedencia, en algunos principios fundamentales de "La resistencia a la teoría"» (42). Así, sin ánimos de excluirse, las operaciones críticas y los impulsos “a-críticos” de la teoría(2) funcionan como fuerzas que conviven en la visión ciega del crítico y, en su resistirse, potencian la lectura y la escritura.


Julieta Novelli: Profesora en Letras (UNLP). Becaria doctoral de CONICET. Integrante del Proyecto de Investigación «"Literatura" como "lectura" en la teoría literaria, la crítica, las ficciones y las poéticas, y en situaciones de ‘enseñanza’, en la Argentina contemporánea".


Notas

(1) Leemos en la solapa de los libros que forman parte de la colección: «Convendría recordar que ‘discutir’ proviene de discutere, sacudir o golpear algo hasta quebrarlo, atender a las cosas para distinguirlas. Discutir puede o no contrariar los argumentos del otro, pero es, con otro, sacudir algo».

(2) En la presentación, Podlubne toma el término «a-crítico» del texto «Las operaciones de la a-crítica», de Marcelo Topuzian que da cierre al Dossier «Fin y resistencia a la teoría». Véase: Topuzian, Marcelo (2017). «Las operaciones de la a-crítica». El taco en la brea. Año 4, Nº 5, 2017.


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