Barthes en cuestión, reseñado

En 452ºF. Revista de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, de la Universidad de Barcelona (N° 27, 2022), Ester Pino Estivil publicó la reseña que se transcribe a continuación sobre Barthes en cuestión, de Paul de Man y Judith Podlubne, coeditado entre Bulk editores y Nube Negra.



En «La imaginación del signo» (1962), texto más tarde incluido en los Ensayos críticos, auguraba Barthes la posibilidad futura de conectar el relato de la semiología a la historia, de llevar a cabo la semiología de los semiólogos, el análisis estructural de los estructuralistas. De ello se encarga el libro que Judith Podlubne (1), profesora de teoría literaria en la Universidad Nacional de Rosario e investigadora de Conicet, ha publicado

bajo el título de Barthes en cuestión (2020), en el que escribe un capítulo crucial de la historia de la teoría, que Barthes equiparaba a la semiología como crítica al sentido común, a la arrogancia de la ciencia y a la naturalización de la historia.


Autora de Escritores de Sur. Los inicios literarios de José Bianco y Silvina Ocampo (Beatriz Viterbo, 2011) y editora de María Teresa Gramuglio. La exigencia crítica, junto a Martín Prieto (Beatriz Viterbo, 2014) y Un arte vulnerable. La biografía como forma, junto a Nora Avaro y Julia Musitano (Nube negra, 2018; Nube Negra–Bulk editores, 2020), en esta ocasión Podlubne ha armado un díptico que incluye dos textos. Uno de ellos es el artículo «Roland Barthes y los límites del estructuralismo», que Paul de Man escribió en 1972 a raíz de las dos últimas traducciones al inglés ese mismo año de las Mitologías, que aparecieron de forma incompleta, y los Ensayos críticos de Barthes. El artículo fue un encargo de la New York Review of Books con la intención de contextualizar el pensamiento barthesiano y acercarlo al público estadounidense más allá del académico,

aunque finalmente no apareció publicado en ese momento ya fuera por la excesiva especialización del vocabulario del texto o por las críticas que le hacía a la perspectiva barthesiana, detalla Podlubne en su investigación. «Roland Barthes and the Limits of Structuralism» se publicó finalmente en 1990 en la revista académica Yale French Studies 77, dentro del dossier «Reading the Archive: On Texts and Institutions», a cargo de E. S. Burg y Janie Vanpée, y aparece ahora por primera vez en español gracias a la excelente traducción de Leandro Bohnhoff. En relación con este primer artículo, el texto que abre Barthes en cuestión, titulado «Visión ciega. El Roland Barthes de Paul de Man», es obra de Podlubne, en el que realiza una lectura minuciosa y brillante sobre las maneras en las que De Man leyó a Barthes e hila el relato de los lugares en los que lo situó, qué puntos destacó de su obra y qué otros puntos denegó.


De Man, que en 1956 había escrito para la revista Critique el artículo «Impás de la crítica formalista», con el que pretendía introducir la new criticism americana en el campo intelectual francés, a la vez que le recordaba a este que buena parte de los últimos presupuestos de la nouvelle critique ya estaban en críticos como I. A. Richards, pretendía en este nuevo estudio articular de forma más pausada el pensamiento barthesiano con su contexto de producción y ampliar así la presentación que Susan Sontag había hecho de Barthes en el prólogo de Writing Degree Zero (1968). Con unos matices claramente esteticistas, en el texto de Sontag Barthes había sido «presentado a los estadounidenses como acaso “el hombre más inteligente de nuestros tiempos”, y cualquier persona necesita y merece que se la proteja de las expectativas que genera semejante hipérbole» (De Man, 2020: 46-47), por lo que el crítico belga se puso el deber de introducir a Barthes anticipando tanto «el rechazo infundado como el entusiasmo inapropiado» (45) al que podrían inducir presentaciones como la precedente. Este gesto no era nuevo en De Man, que en varios de sus libros analizó los encuentros y los desencuentros entre la crítica americana y la crítica europea, y en los que fue desarrollando y definiendo cada vez más su crítica hacia el método estructural, al que

consideraba limitado y limitativo por su ambición cientificista, basada en la subordinación de la retórica a las leyes de la gramática y el destierro del absoluto literario romántico en el que la literatura y la teoría se fundirían en un único movimiento. En ese sentido ya había subrayado De Man en Visión y ceguera que no estaba de más señalar cierta higiene semiológica preventiva.


Como anuncia Podlubne en la contracubierta del libro, «a Paul de Man, Roland Barthes le exasperaba». Posiblemente debido a la sospecha con la que se miraba de reojo el elitismo autocomplaciente de la crítica francesa y a la desconfianza que le ocasionaban las exageraciones y los «toques de trompeta» (49) del estilo de Barthes, en el artículo De

Man juega con el humor para señalar, en un primer momento, el extraño ensamblaje de dos tradiciones críticas que, de repente, fueron puestas en comunicación (2):


Incluso algunos de los más iluminados críticos ingleses y estadounidenses continúan viendo a sus colegas franceses con la misma desconfianza que los turistas anglófonos le tienen al café au lait que les sirven en el desayuno de los hoteles del interior de Francia: saben que les desagrada pero no tienen del todo claro si es porque se trata de una imposición o porque, no habiendo sido iniciados en el ritual, hay algo que se les escapa. Otros están dispuestos a engullir la cultura francesa en su totalidad, desde el café matinal hasta Chartres y el monte Saint Michel, pero, dado que las modas intelectuales cambian con mayor rapidez que los gustos culinarios, es posible que descubran haberse calzado una boina y estar bebiendo Pernod en el momento en que la vanguardia francesa pasó ya hace tiempo a una dieta de pulóveres de cachemira y leche fría (44-45).


Más allá de la broma, De Man presenta el campo de disputas francés, el de «los demonios ideológicos subyacentes a la práctica de la crítica literaria en Francia» (48), en el que sitúa la figura de Barthes en una posición alternativa, explicando que se trata más bien de una aventura intelectual fundamentada en una crítica ideológica y una obra ensayística distinta de la crítica erudita en la línea de Genette o Todorov. Pero, pese

a ese desplazamiento, la presentación de De Man continúa señalando la falta de autocrítica del método semiológico barthesiano, al que considera «tanto un poder como un peligro» (58) desde el momento en que la fuerza desmitificadora de la semiología sería incapaz de desmitificarse a sí misma. Según De Man, Barthes habría entrevisto el cuestionamiento inherente que la literatura y la crítica compartían, pero no se habría atrevido a llevarlo a cabo —«uno puede ver a Barthes aleteando en torno al interrogante como una polilla alrededor de una llama, fascinado, pero manteniendo la debida distancia para protegerse» (65)— y, en definitiva, acaba refutando el método barthesiano por ignorar la lógica del metalenguaje crítico y esquivar la amenaza que supone su puesta en duda. Pero ¿qué había estado haciendo Barthes sino señalar que no hay significación sin una forma de significar?


Es en este punto donde se centra Podlubne: en el momento en que la crítica lanzada por Paul de Man ataca precisamente el gesto inaugural de la semiología de Barthes, que el primero parece no ver. Podlubne parte de este artículo para analizar diversos momentos de las consideraciones barthesianas en la obra demaniana; de hecho, este texto funciona como una bisagra a través de la cual la autora nos invita a deslizarnos por el pensamiento de De Man, su autobiografía intelectual, la concepción de la retórica y de la crítica como crisis, su encuentro con la deconstrucción y su consideración de la resistencia a la teoría, pero también de la teoría como resistencia inherente en sí misma.


De ahí, Podlubne nos conduce al primer encuentro de nuestros dos críticos en el famoso simposio de Baltimore en octubre de 1966, «Los lenguajes críticos y las ciencias del hombre: la controversia estructuralista», traducido al castellano por Barral editores en 1972, en el que Barthes, quizá presintiendo el vuelco que Derrida iba a dar a la estructura, presentó la conferencia «Escribir, ¿verbo intransitivo?», más tarde convertida en artículo, donde fundía los últimos avances de la lingüística, sobre todo de Benveniste, con una modernidad literaria que inauguraba en Mallarmé, Proust y Joyce, cuyas obras intransitivas habían transgredido la lógica temporal y la imposición referencial del sujeto. De Man, como explica Podlubne, criticó ferozmente a Barthes en el turno de debate, diciéndole llanamente que se equivocaba por su falta de rigurosidad y por apoyarse en un mito progresista con el que tergiversaba la historia:


Debo admitir que me han defraudado un poco los análisis específicos que usted nos ha ofrecido. No creo que presenten ningún progreso en relación con aquellos de los formalistas, rusos o americanos, que utilizaron métodos empíricos, aunque sin emplear ni el vocabulario ni el marco conceptual que usted utiliza. Pero más seriamente, cuando se refiere a hechos de la historia literaria, dice usted cosas que son falsas desde el punto de vista de un mito típicamente francés. [...] Encuentro en su obra una concepción falsa del clasicismo y el romanticismo. Cuando, por ejemplo, con respecto a la cuestión del narrador o del «doble ego», habla de la literatura desde Mallarmé, o de la nueva novela, y las opone a lo que ocurre en la novela romántica, o en el relato o en la autobiografía románticos, usted simplemente se equivoca. En la autobiografía romántica o, mucho antes de ella, en el relato del siglo XVII, se encuentra esta misma complicación del ego (moi), no solo inconscientemente, sino tratada explícita y temáticamente y de forma mucho más compleja que en la novela contemporánea. No quiero continuar este desarrollo; solo quiero indicar que usted tergiversa la historia porque necesita un mito histórico del progreso para justificar un método que todavía no es capaz de justificarse por sus propios resultados (De Man, en Podlubne: 18).


Podlubne describe con brillantez el tono pugilístico de esta confrontación crítica a propósito del método: «Las razones de De Man eran certeras pero su actuación resultaría desafortunada. La descortesía podía leerse, según enseñaría él mismo más tarde, como “síntoma desplazado” de una resistencia inherente a la empresa teórica misma», nos señala la autora: en efecto, la misma ceguera de la crisis le impedía a De Man ver la performance que andaba haciendo Barthes, que estaba sacudiendo la posición del crítico. Y en esta advertencia, Podlubne no habla de malentendidos ni trata de corregir a los autores, sino que relata y reflexiona a partir de los desajustes cronológicos y las posiciones situadas desde los que De Man leyó al crítico francés. «El exceso de inteligencia, o su envés, la falta de disposición a la ironía, habían simplificado su lectura de Barthes» (41), que por entonces ya había cuestionado el discurso de la semiología y desde el psicoanálisis se interrogaba por el lugar desde donde habla el

semiólogo. De hecho, Barthes ya había cerrado su prólogo a los Ensayos críticos asumiendo que el crítico se encuentra condenado al error —a la verdad—, pasarela de un camino hacia la escritura. Podlubne dilucida cómo en aquella ceguera productiva —la visión es posible a través del error y la retórica— se encuentra la tesis demaniana de la resistencia de la teoría. En definitiva, este libro ha iluminado un capítulo de la historia

de la teoría que estaba ensombrecido y olvidado, hecho que nos permite a la vez iluminar e interrogar nuestra posición crítica.


Notas

(1) De su extensa producción científica y en relación a esta historia de la circulación y los usos de la teoría, cabe destacar, entre muchos otros, artículos como «Barthes en Sarlo» (Cuadernos de Literatura, vol. 24, Bogotá, 2021), «Entre Contorno y Los libros, la crítica universitaria en Setecientosmonos» (452°F. Revista de Teoría de la literatura y Literatura

Comparada, nº 14, Barcelona, 2015 p. 157-174) y «Del lado de Barthes: Oscar Masotta» (Giordano, Alberto ed., Roland Barthes. Los fantasmas del crítico, Rosario, Nube Negra, 2015, p. 185-214).


(2) Reenvío aquí al estudio de François Cusset, French Theory. Foucault, Derrida, Deleuze & les mutations de la vie intellectuelle aux États-Unis, París, La Découverte, 2003.

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